sábado, 17 de septiembre de 2016

UN PATRÓN ES UN PATRÓN

¿Qué podríamos decir de un empresario que explota a sus trabajadores y que en un momento dado decide dejar de pagar los salarios?

Digamos que esencialmente no debiese sorprendernos, tal el desarrollo de la economía, el negocio del burgués particular; pero que aún así no deja de provocarnos indignación y rabia. Nuestro desprecio debiese ser tan o más organizado que los planes para rearticular el funcionamiento de la producción de esa empresa.

¿Qué decir si este mismo empresario u empresaria maneja una cartera de licitaciones otorgadas por el Estado haciendo uso de dichos fondos para —además de acrecentar sus ganancias— ejercer el control social, forzando a responder a sus intereses particulares a quienes se vean “beneficiados” y velando por la represión de quien rechace tal chantaje?

Más indignación, algo de rabia. Tal vez no mucho más que desencanto ciudadano, pues tal es la dinámica que se denuncia en la “corrupción” de las instituciones. Pero hemos de tenerlo claro: el problema no es la corrupción, es el sistema todo.

Aun así, el péndulo del descontento del militante de izquierda o centroizquierda (si es que estas categorías tienen algún sentido) pareciera encontrar un magnetismo que escapa a las normas convencionales de la indignación cuando la acumulación capitalista es asegurada por alguno de sus pares. El patrón es visto con otros ojos y su participación en los negocios del Estado (cuando logra acunarse en su regazo) pareciera transmutarse de movimiento financiero a “movimiento social”, quedando todo cubierto por un fino manto de “promoción” e “integración social”. Toda indignación, toda rabia, toda expresión crítica que intente denunciar y luchar contra las fuerzas ciegas de la economía y del poder son borradas en nombre del progresismo, de la democracia, de la trayectoria de tal o cual militante.

Así las cosas, las condiciones materiales determinadas por el antagonismo de clases son ocultadas tras el velo de la ideología, pues para eso sirve la ideología. Es una fragmentación de la realidad en nombre de una idea, una falsa conciencia que parte de una doctrina y no de los hechos. Frente a la ideología política, la realidad es contundente: ¡no hay nada más parecido a un patrón de derecha que uno de izquierda!

En su necesidad, los proletarios se enfrentan al empresario–dirigente–militante que los explota, cara a cara con el patrón como lo que es. Los obreros empleados por Sueños Compartidos, a mediados del 2011, realizaron diferentes acciones de protesta en los complejos de viviendas en construcción en los que trabajaban en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, Santiago del Estero y Salta. Esa lucha, huérfana de la solidaridad de los militantes de izquierda, fue una medida desesperada ante una realidad de sueldos e indemnizaciones por despidos impagos. Los patrones siempre buscan justificarse, más aún los de izquierda, y la Fundación Madres de Plaza de Mayo con Hebe de Bonafini a la cabeza se presenta como víctima del desvío de fondos llevado a cabo por su apoderado Sergio Schoklender. De lo único que se habla masivamente es de la corrupción y sus responsables, y de la utilización política del gobierno actual para avanzar sobre la oposición. Se habla del desvío de fondos, del exponencial crecimiento patrimonial de la Fundación y sus dirigentes, pero no de la explotación y el sometimiento que hace posible todo esto. De lo que se trata aquí es que Sueños Compartidos era una empresa constructora con más de 5000 empleados, con contratos millonarios con el Estado, donde se apremiaba a los trabajadores que buscaban organizarse por fuera de la UOCRA para luchar por sus necesidades, y en la que se los forzaba a trabajar en condiciones insanas y con jornadas excesivas en nombre de la noción de que «Madres no es una empresa», construyendo casas de Telgopor para otros pobres. Del mismo modo, correspondería referirse al rol de la organización Tupac Amaru o de los sindicatos y sus diferentes negociados a través de obras sociales, centros de capacitación, etc. Cuando el escándalo se desató en 2011, Hebe afirmó: «Los Schoklender son estafadores y traidores. Pero una cosa son ellos y otra son las Madres, que pusimos el cuerpo 34 años para reivindicar a nuestros hijos». La lucha de una organización, por más importante que haya sido, no puede llevarnos a seguir respetando a quienes se convirtieron en una empresa, una entidad apéndice del Estado, que llegó incluso a defender la intervención de gendarmería en los barrios.

No nos interesa deliberar respecto de los delitos económicos en juego, cuando la Justicia persigue y castiga a un burgués particular no se pone en peligro la burguesía en tanto que clase, y mucho menos la ideología que representa el acusado.

La Constitución Nacional está para defender la libertad de explotar y la privación de propiedad para la mayoría de los habitantes del territorio argentino. Los patrones no serán juzgados, naturalmente, por el robo permanente de tiempo, salud y energía a sus empleados, ni siquiera por la represión física que utilizan cuando los trabajadores demandan lo que la ley de los ricos les promete. Los patrones serán juzgados por evasión de impuestos, por corrupción, es decir, por lo que la Ley tipifica como delito: quitarle ilegalmente la propiedad a algún otro capitalista, no aportar lo debido a las arcas del Estado, etc. La Ley, incluso cuando se pronuncia contra algún burgués, existe para proteger la vida… de la burguesía, de sus instituciones y de esta paz de los cementerios.

Pero el “militante” sobreinformado de televisión y redes sociales, cargado de ideología por la universidad, el partido político o tal vez la tradición familiar, prefiere ignorar la lucha de clases, prefiere, en cambio, reproducir el gusto por lo que formalmente se le ha dicho que debe luchar, eligiendo las causas que más le provoquen identificación entre la multiplicidad de ofertas existentes, sin mediar ninguna contemplación de la realidad.

No vamos a extendernos en hacer la necesaria crítica a la dependencia ideológica que genera el mandato de líderes. A lo que estamos apuntando es más bien a la falacia de creer que la realidad de la dominación del Estado y el Capital se torna flexible según la conveniencia o incluso el gusto personal del militante.

Nuestro esfuerzo no intenta machacar con el dedo acusador a una Hebe de Bonafini o a una Milagro Sala, queremos hacer presente la miseria del militantismo, aquel que participa del funcionamiento del orden social al mismo tiempo que lo condena o simula hacerlo sin hacerse cargo de la realidad social en la que vive.

Es evidente que hay intereses burgueses en la condena pública y el procesamiento jurídico a estos patrones de izquierda, no somos incautos, sabemos que entre jefes hay competencia, incluso sabemos que la competencia es el motor de su movimiento, basta leer las portadas de los diarios y las intrigas palaciegas que alimentan la política. Pero no podemos olvidar tratarlos como lo que son: patrones. Y no son patrones porque aquí lo escribimos, lo son pues se han erigido en ello.

La relación salarial no sirve para explicarlo todo, pero cuando no tenemos en cuenta nuestra posición en el antagonismo social terminamos defendiendo al empresario local frente al extranjero, al que sonríe frente al que no, al que antes no era burgués frente al que siempre lo fue. Si bien generalmente los burgueses vienen tras generaciones de dominadores, hay nuevos ricos que proceden de familia obrera y pobre. Claro, serán vistos con desprecio por esos burgueses de familia de renombre, pero el mercado mundial no discrimina raigambre a la hora de hacer circular y multiplicar dinero.

Desde nuestra perspectiva, la de los trabajadores que se las han visto con su explotación, estos individuos no merecen otra contemplación que la que se tiene con cualquier burgués.

LLEGAN LOS CYBORG

El primer ser humano reconocido como cyborg estará de visita por la Argentina a mediados de octubre, para participar de un Encuentro Internacional de Diseño en Mar del Plata llamado Trimarchi. No se trata de un relato de ciencia ficción. Los cyborgs existen, están entre nosotros y son menos estrambóticos de lo que prometían las películas. El acrónimo cyborg proviene de cyber (cibernético) y organism (organismo), y Neil Harbisson es la primera persona en el mundo reconocida como tal por un gobierno. Nacido con acromatopsia (solo percibía los valores blancos, negros y grises) decidió solucionarlo implantándose una antena en la cabeza de forma permanente. Esta le permite oír las frecuencias del espectro de luz incluyendo colores invisibles para el resto de los mortales, como infrarrojos y ultravioletas, desarrollando, según los organizadores del evento, «una sinestésica teoría del color y el sonido que no podíamos dejar de compartir». Sucede que esta criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos viene en calidad de artista y activista, acompañado por otra artista y activista cyborg llamada Moon Ribas, quien posee un implante sísmico online en su brazo que le permite percibir terremotos mediante vibraciones en tiempo real en cualquier lugar del planeta, que aplica a sus coreografías. También pertenece a la Cyborg Foundation, una organización especializada en facilitar a los humanos el deseo de convertirse en cyborg.

No vamos a opinar de sus disciplinas artísticas sino de su actividad política, del transhumanismo y de la coartada políticamente correcta con la cual buscan difundir su propuesta: «El ser humano está destinado a convertirse en cyborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo». Claro, siempre que se pueda acceder a la megamáquina tecnológica que cumpla los caprichos de quien quiera ser un transhumano. Ya desde hace años en el ámbito feminista circula el Manifiesto Cyborg escrito por Donna Haraway, donde afirma que: «El cyborg es una criatura de un mundo posgénero; no tiene nada que ver con la bisexualidad, la simbiosis preedípica o el trabajo no alienado». Nuevamente se intenta dar un contenido positivo a esta pesadilla capitalista.

Zoltan Istvan, líder del Partido Transhumanista en Estados Unidos, es aún más claro: «Un día, nuestra herramienta será la inteligencia artificial y la herramienta nos reemplazará. Por supuesto, nos convertiremos en parte de la herramienta. Nos convertiremos en parte de la tecnología y nos fundiremos con ella». Promete que así viviremos más de quinientos años y que desaparecerá la discriminación porque podremos cambiarnos de sexo o de color de piel cada semana gracias al desarrollo de la nanotecnología. Suena escalofriante, aunque ridículo, y sin embargo es el extremo de un razonamiento que no tarda en extenderse.

Los obedientes de nuestra época —caracterizada por el dogma imperturbable de dudar de todo y de todos con su necesaria dosis de indeterminación—, se arrodillan ciegamente ante la ciencia y toda la tecnología que la hace posible. Los interminables y fofos debates sobre poderes, micropoderes y macropoderes muestran su verdadero carácter al confiar sus esperanzas y sus vidas en manos de la institución médica, de las multinacionales farmacéuticas y del mismo Estado. Sea con terribles definiciones de sometimiento como la de Istvan, o con la infinidad de indefiniciones propias de aquellos que quieren “liberarse” a fuerza de tecnología, todos acompañan los delirios productivos de esta época decadente. Por el momento vamos a ahorrarnos las tentadoras suposiciones sobre un mundo en el cual la cantidad de estos personajes sea cada vez mayor, pero no vamos a pasar por alto la peligrosidad de esta proposición ya en marcha y la realidad que la hace posible.

Los intentos de los seres humanos por transformarse a sí mismos no son hechos recientes sino todo lo contrario, parecería ser propio de la condición humana. Sin embargo, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? Los transhumanistas apoyan la emergencia de la nanotecnología, la biotecnología y las posibilidades de la inteligencia artificial. Desde una perspectiva emancipatoria afirmamos que esos desarrollos son solo necesarios para el Capital. Sucede que la asimilación de la lógica capitalista por parte de cada persona y su determinación en cada una de las relaciones sociales hace pasar sus necesidades como las nuestras: es su coartada perfecta. No sabemos cuáles serían nuestros deseos si el Capital no existiese, y este tipo de elucubraciones tampoco aportan demasiado. Lo que sí es fundamental es pensar qué es lo que necesita este sistema asqueroso para mantenerse en su posición dominante, así como entender que muchas de las necesidades que se nos plantean como tales no son ni naturales ni eternas para nuestra especie. El progreso burgués no debe ser cambiado de manos, no tenemos manera de administrar y gestionar algo que desde un comienzo existe no solo a pesar de nosotros sino contra nosotros, los oprimidos y explotados del planeta entero.

Nos ponemos en alerta ante un nuevo atropello a nuestra condición de seres humanos, a nuestra especie toda. Maximilien Rubel en su artículo Contra el pacifismo nuclear afirmaba: «Si es técnicamente posible hacer una cosa, esta debe hacerse. Si es posible fabricar armas nucleares, deben fabricarse aunque se corra el riesgo que nos destruyan a todos. Si es posible ir a la Luna o a otros planetas, debe irse aunque queden muchas necesidades insatisfechas en la Tierra. (…) Todo lo que la tecnología hace posible, lleva consigo la obligación de realizarlo». Sabemos cómo funciona el capitalismo a través de la tecnología. Desde el momento en que “gracias” a los teléfonos móviles existe la posibilidad de ser localizables de forma permanente, esto se nos impone socialmente como una obligación, los mismos localizados contribuimos a hacer cumplir tal condena.

Si no luchamos contra las condiciones materiales que garantizan la explotación y la dominación de la ganancia sobre la vida, con su necesario racismo, machismo y diferentes maneras de desprecio entre seres humanos, acabaremos ajustando nuestros cuerpos a las necesidades del mercado, de los designios tecnológicos, y no seremos ya tratados como cosas, seremos literalmente cosas.

RESISTENCIAS MENORES. OPINIONES MAYORES

«Son ocho las escuelas incendiadas en la Provincia de Buenos Aires» 29 de abril, 2016.
«Más de cien escuelas en Kenia fueron incendiadas por sus propios alumnos. El Gobierno decidió llevar a más de un centenar de estudiantes ante los tribunales y los acusó de conspiración»
28 de julio, 2016.

«Vándalos, inadaptados y drogadictos»; «falló la integración»; «hay que asignar más recursos a educación y menos a políticas represivas»; «hay que aumentar las horas de cursado, la escolaridad doble turno es un estándar en los países nórdicos»; «hay que meterlos a todos en cana»… Cada uno se apresurará a elegir su opinión, ya que nadie quiere recibir con el culo flojo los puntapiés que dan los medios de comunicación.

Aquellos que al salir de un cotidiano trámite en la municipalidad, un banco o una empresa de telefonía móvil, murmuran con malestar que van a prender fuego todo, que van a matar al gerente o a esos hijos de puta, condenarían sin duda a los incendiarios. Quizás lo justifiquen diciendo que «no tiene nada que ver una empresa con una escuela», o con algún otro vericueto patriótico/ciudadanista. Pero en el fondo parecería que odian y antagonizan a quienes se atreven a hacer lo que ellos y ellas solo se permiten pensar en esos míseros segundos de bronca, en los que el Estado y el Capital les “falló”. Más aún, se verán obnubilados por el hecho de que los atacantes no robaron nada… ¿Una actividad criminal, premeditada, cuyo móvil —directo o indirecto— no es el ánimo de lucro? Solo puede ser obra de individuos con problemas mentales.

El sabelotodo, que hizo los deberes y sabe que en Kenia “pasan cosas raras”, acusará como buen cosmopolita occidental a musulmanes, grupos guerrilleros o bandas tribales. «Nos enteramos de que los chicos de otras escuelas incendiadas ya estaban de vacaciones, y quisimos lo mismo» dijo uno de los jóvenes incendiarios, casi como adelantándose insolentemente a las hordas de opinólogos.

Los demás, los ciudadanos que fielmente respetan la legalidad y las normas éticas imperantes, que están fervorosamente integrados a esta sociedad y nunca jamás tienen pensamientos suicidas, agresivos o sediciosos, no tendrían opinión alguna. Y es porque solo existen en los modelos de estadistas y en la ideología ciudadanista que nos somete.

Los pedagogos se resignan crecientemente y se refugian reconociendo la derrota de la escuela como elemento integrador e igualitario, explicitando la natural degradación de este espacio a meras tareas de contención. ¿Contención para que no ocurra qué? Pensamos. Mientras tanto pibes de todo el mundo le presentan resistencia a su obligación, con las herramientas que tienen a mano y sin ninguna ilusión de que la crítica de las escuelas venga del lado de los funcionarios de la escolarización.

TRES IMPORTANTES NOTICIAS DE LA LUCHA SOCIAL

La rabia y el dolor movilizan a cientos en respuesta a la violencia del progreso capitalista. Es común lo que sigue, la lucha impulsa en distintos lugares a generaciones que ni siquiera se adivinan entre sí a oponerse a los mandatos de la economía para defender la vida. El devenir de la lucha social está lleno de idas, venidas y, qué duda cabe, grandes fracasos. La gestión, el negociado, el realismo expresado en conformismo, la confianza más ingenua en promesas políticas o la apatía general son constantes en situaciones donde, como un chispazo, se encendió la rebelión y así como llegó se fue. Y lo peor es que la reacción capitalista nunca se queda quieta ahí donde el proletario fracasa. Allí donde claudicamos, el Capital encuentra terreno fértil para seguir expandiéndose. Esa expansión continúa generando resistencia. En la lucha de la Humanidad contra quienes la convierten en mercancía se expresan victorias, grandes o pequeñas, que se extienden más o menos en el tiempo. Qué alegría es poder conocerlas para hacerlas nuestras y que revivan en nuestras luchas de hoy. Y qué alegría mayor cuando esas victorias se están produciendo ahora y acá cerca y vemos cómo, por momentos, los explotados reunidos y movilizados sirven de escudo contra los ataques del armatoste capitalista.

Desde Malvinas Argentinas en Córdoba y Andalgalá en Catamarca

Aunque todavía sin comunicado oficial (1) todo indica que Monsanto abandona el pueblo cordobés después de cuatro años de lucha y casi tres de bloqueo directo a la construcción de la planta. Los rebeldes enfrentaron las sucesivas represiones de la policía local y la UOCRA, y también las contrariedades que nunca faltan entre los mismo vecinos.

La empresa ordenó el desmantelamiento de lo poco que se había construido y puso el terreno en venta. Aún así se mantendrá el bloqueo hasta que hayan sacado el último tornillo. Es bueno recordar también que a inicios del año pasado la multinacional Syngenta canceló su proyecto de semillas transgénicas en Villa María a causa del bloqueo. Doble triunfo entonces.

Veremos qué depara el futuro, ya que hay rumores de que Bayer, reciente adquisidora de Monsanto, instalará laboratorios en el predio.

En Andalgalá, tras más de seis años de asambleas, marchas, cortes y enfrentamientos contra Agua Rica, propiedad de Yamana Gold, el juez Cecenarro ordenó frenar todas las actividades de la minera. El último paso es realizar un nuevo informe de impacto ambiental.

Uno de los puntos cúlmine de la lucha se dio el 15 de febrero del 2010. La gendarmería y la policía reprimieron el corte a la empresa e inmediatamente se desató la pueblada exigiendo la libertad de los detenidos, arremetiendo contra los perros del orden y destruyendo e incendiando propiedades del Estado y la minera.

¡Facundo Jones Huala está en libertad!

El 1° de septiembre Facundo Jones Huala, detenido en Esquel desde el 27 de mayo y con pedido de extradición a Chile (ver La Oveja Negra nro. 41) quedó en libertad.

Se cayó el pedido de extradición y aunque parecía que se lo iba a derivar a prisión domiciliaria inmediatamente después la Justicia ordenó su libertad total. Se registraron, como tantas veces en estos casos, enormes irregularidades en la causa, incluyendo torturas a testigos para crear testimonios falsos.

Durante su detención fueron muchas las expresiones de solidaridad, no solo en la zona sino en otras regiones de Argentina y del mundo.

Compartimos sus palabras al momento de pisar nuevamente las calles. Palabras de amplio sentido universal que resuenan en la Patagonia, en Córdoba, en Catamarca y en cualquier lugar del mundo donde se sublevan los corazones contra la mercancía:

«Quiero aprovechar este momento para agradecer a todo mi pueblo, al pueblo nación Mapuche y a todos los revolucionarios y progresistas que aún viven en esta sociedad, para que podamos liberar de la opresión a todo el mundo porque no solamente los mapuches tenemos derecho a luchar. Espero que en este momento histórico empiece a replantearse todo el mundo la verdadera historia y la estructura de esta sociedad capitalista y opresora que nos mantiene en la miseria, que se mantiene a fuerza de represión y tortura por culpa de esos perros de azul que nos tienen encarcelados y que cuidan los intereses de los poderosos, de los ricos. Nosotros, la nación Mapuche vamos a darle una lección de historia y vamos a cambiar esta historia de opresión que durante ciento treinta años nos ha mantenido en la marginación.

Así que hermanos muchas gracias. Esto es el resultado de la movilización de todas las comunidades de ambos lados de la cordillera y de la gente que solidariamente ha comprendido el nivel de conciencia de nuestra nación, el nivel de conciencia de nuestros milicianos, de nuestros combatientes. ¡Un abrazo y saludo muy grande a todos mis peñi y lamien que combaten a ambos lados de la cordillera! ¡A los weychafes que arriesgan su vida todos los días, y no importante que los baleen, no importa que los gaseen, siguen combatiendo por la libertad! ¡Somos combatientes ancestrales de la libertad pu peñi, pu lamien! ¡Hasta vencer o morir! ¡Mari chi Weu!» (2)


Notas:
(1) Monsanto usó el medio capitalista La Voz del Interior para anunciarlo como mera noticia. Ver: «Monsanto puso a la venta su terreno y se desactiva el proyecto».
(2) Peñi: Hermano, Lamien: hermana, Weychafes: Guerreros, Pu: prefijo que da sentido plural a las palabras, Mari chi Weu: diez veces venceremos.

miércoles, 17 de agosto de 2016

AHORRO ENERGÉTICO Y DISCIPLINAMIENTO

Desde hace décadas el ecologismo oficial nos culpa del desastre ecológico. Como si nuestra supervivencia diaria fuese responsable del calentamiento global o la extinción de otra especie animal. Los ecologistas perciben el planeta Tierra como «una fuente de recursos naturales», nos reducen a ciudadanos, a consumidores, y así quieren que nos percibamos a nosotros mismos. Los ciudadanos para comportarse como tales deben esperar a votar, o quejarse por las vías institucionales. Los consumidores deben reducir sus posibilidades humanas de protesta colectiva y lucha social a una actitud individual: consumir o no consumir, consumir más o menos. En ambos casos el problema que se desprende es uno y el mismo: cuando se habla con el lenguaje del amo necesariamente se defienden sus reglas.

En un artículo titulado Olvidémonos de las duchas cortas, o por qué el cambio personal no implica un cambio político Derrick Jensen aborda el tema:

«Hablemos del agua. Hoy en día oímos con mucha frecuencia que el agua empieza a escasear en el mundo. Está muriendo gente por falta de agua. Los ríos se van secando. Por eso tenemos que darnos duchas más cortas. ¿Ven la desconexión? ¿Acaso el ducharme me hace responsable del agotamiento de las reservas acuíferas? Pues no, porque más del 90% del agua que utilizan los seres humanos la consume la agricultura y la industria. Y el 10% restante se divide entre los usos municipales y el consumo de seres humanos de carne y hueso. En conjunto, los campos de golf municipales consumen tanta agua como las personas que habitan el municipio. Los seres vivos (humanos y peces) no se están muriendo porque el mundo se esté quedando sin agua, sino porque el agua se está robando.

Hablemos de energía. Kirkpatrick Sale lo sintetizó: es una historia que se ha venido repitiendo en los últimos 15 años: el consumo individual (residencial, automovilístico, y así sucesivamente) representa apenas una cuarta parte del consumo total; la gran mayoría del consumo (energético) se debe a usos comerciales, industriales, corporativos, gubernamentales y agropecuarios (sin mencionar los usos militares). Por lo tanto, incluso si todos nos trasladásemos en bicicleta y nos calentásemos con estufas a leña, ello tendría un impacto insignificante en el uso de energía, en el calentamiento global y en la contaminación atmosférica.»

Los ecologistas, como los sindicalistas, se especializan en tanto que negociadores de la vida abocados al regateo. Interesados en no abolir las causas de los problemas sino en conservarlos, haciendo lo posible para que sea tolerable para los más desfavorecidos del reparto, para garantizar la paz social y evitar sobresaltos en el mantenimiento de la maquinaria capitalista.

Sin embargo, dirigentes de varios países, entre ellos los de Argentina, que saben de sobra estos datos, insisten con la austeridad, con el ahorro energético, con el cuidado del agua. Se trata de una sofisticada manera de disciplinamiento de la clase explotada.

Este invierno Macri insistió con que la Argentina debe bajar los niveles de consumo de energía. «Voy a hablar de esto obsesivamente, en cada circunstancia», señaló. «Esa misma obsesión que tiene todo el mundo, es la obsesión que tenemos que tener cada uno de nosotros, en el país, por ver cómo son nuestros comportamientos diarios, ver en qué cosas podemos ahorrar energía».

En perfecta igualdad democrática un proletario cualquiera y un burgués de la industria química tienen la misma responsabilidad según la visión de quienes destruyen el planeta y de los ecologistas que administran la catástrofe.

Una forma sencilla y austera de vivir se nos impone mediante mezquindad y tarifazos. Queramos o no, debemos abrigarnos dentro de casa por la escasa calefacción o para poder pagar la próxima boleta del gas.

Queremos cambiar la vida, transformar el mundo, y esto no significa despilfarro y desprecio por el planeta. Al contrario, significa destruir la relación separada, mercantil y utilitarista con aquello que, nos dicen, es distinto de nosotros: la naturaleza. Por esto nos negamos a sentir que «todos los argentinos» tenemos los mismos problemas. No nos tragamos el cuento de una crisis energética general, que en realidad afecta principalmente a la industria o, mejor dicho, a los empresarios de tales industrias. El problema no es que nos duchemos cinco minutos más, el problema es que la cuenca del Paraná está envenenada con glisfosato porque la ganancia importa más que la vida, importa a costa de la vida.

Amarga victoria del ecologismo, los gobiernos del mundo se vuelven cada vez más ecologistas por necesidad ¡por la necesidad del dinero! Es la misma burguesía quien debe denunciar los efectos secundarios de su atropello sobre la vida. Y mientras nos arrojan la cuenta de los platos rotos nos hablan sobre la urgencia por solucionar este problema que «nos atañe a todos», se presentan como los únicos posibles salvadores del planeta, los mismos que lo han arruinado.

En las condiciones actuales, el “desarrollo sostenible” no es una opción para la toma de conciencia, se ha vuelto un requisito forzoso para la supervivencia del capitalismo.

TERRORISMO Y REPRESIÓN

A pocas semanas del último ataque terrorista en la ciudad de Niza, los milicos de esta región salieron a advertirnos de que quizás podamos ser víctimas de otros terroristas que no sean ellos mismos: la “inteligencia” de las fuerzas represivas argentinas anunció que si bien no existen indicios evidentes de que vayan a perpetrarse ataques «existen muchos factores que influyen a mantener una constante alerta».

No sabemos hacia donde conducirán realmente estas elucubraciones, pero en sus declaraciones parecen continuar con la lógica de las fuerzas del orden de las regiones afectadas por los ataques: tomar medidas preventivas que significan perfeccionar el aparato represivo del Estado, así como, de paso, tirar mierda hacia posibles sospechosos, por lo general inmigrantes “árabes” o hijos de ellos, llegando incluso a sospechar de los refugiados que van llegando de Siria. A pocos días de sus declaraciones procedieron a la detención de dos jóvenes de 21 años, totalmente ajenos a la cultura islámica, por “tuitear” amenazas hacia el presidente de este país. Un chiste que les costó caro, pues uno de ellos sigue detenido, mientras la ministra de justicia habla de «la necesidad de un castigo ejemplar».

Sin embargo, lo que aquí, por el momento, no son más que palabras de las autoridades, en países como Francia es moneda corriente, donde la protesta social no para de crecer, al ritmo que crece el racismo, la paranoia y la represión.

La lucha contra el terrorismo es desde hace décadas el chivo expiatorio por excelencia de estados como Estados Unidos, Francia e Inglaterra, para promover sus guerras en Medio Oriente. Sobre este complejo panorama de extrema violencia no debemos olvidar que somos los proletarios quienes morimos en sus bombardeos y en sus atentados, que sufrimos la represión y la segregación social que nos enfrenta unos contra otros.

No podemos limitar nuestra respuesta a una simple indignación contra el terrorismo islámico que actúa en occidente. Somos una clase mundial, que sufre la violencia de otra clase mundial que es la burguesía. El terrorismo islámico es inseparable de la dinámica capitalista, son intereses burgueses y no delirios religiosos de algunos extremistas los que promueven sus organizaciones y sus ataques. (Recomendamos la lectura del Apéndice “El Estado Islámico” en Guerra social y telaraña imperialista en Siria de Proletarios Internacionalistas).

Como decíamos en La Oveja Negra nro. 25, en relación al atentado en Charlie Hebdo: «Para terminar con el terrorismo islámico hay que acabar con el terrorismo de Estado, con el terrorismo cotidiano del sistema capitalista.»

HABLANDO CON LAS PAREDES: «SIN TRABAJO NO HAY PAZ SOCIAL»

Los inconformes hacen hablar a las paredes para reflexionar, para agitar, para sorprender al transeúnte distraído. Nosotros queremos hablar con las paredes para profundizar lo que gritan.

Esta pintada del gremio Empleados de Comercio de Rosario da en el blanco al exponer la relación entre trabajo y paz social. En esta ocasión para glorificar ambos conceptos. A nosotros, aunque sometidos a trabajar y sobrevivir en esta paz social, nos repugnan.

Ya lo hemos dicho (El trabajo no dignifica en La Oveja Negra nro. 8), el trabajo es la forma que ha adquirido la actividad humana bajo el capitalismo. Esta forma, que no quiere ni podría garantizar las más mínimas necesidades, vuelve al ser humano mercancía y lo obliga a relacionarse con el resto de las personas y las cosas a través de mercancías, persiguiendo no la satisfacción de las necesidades y deseos humanos, sino las necesidades del Capital.

Y también queremos decir que la paz social es esta conciliación de clases en la que vivimos, el terror de Estado democráctico y militar, la paz de los cementerios…

El trabajo asalariado es fundamentalmente necesario para esta paz social, así como lo es el desempleo. En el capitalismo no ha habido, no hay, ni puede haber empleo para todas las personas. Sin desempleados los sueldos se irían por las nubes, la amenaza permanente de que nos echen del laburo sabiendo que detrás hay decenas o centenares de personas aguardando nuestro puesto por menos dinero garantiza la paz social.

La organización del trabajo es esa paz social en acción. La policía recorriendo las ciudades, incluso cometiendo atropellos fuera de la ley, son la paz social. Las personas hambrientas en cada rincón del planeta son la paz social. Y por supuesto, cada minuto que nos roban trabajando garantiza la paz social.

Con trabajo hay paz social. Con trabajo hay necesariamente explotación, y la paz social es el mantenimiento de este orden de cosas, de seres humanos tratados como cosas.