lunes, 30 de enero de 2017

CHUBUT: COMUNIDADES MAPUCHE EN CONFLICTO

El día 10 de enero del corriente año, a las tres de la mañana, efectivos policiales, Gendarmería y el Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) desalojaron con balas de goma, gases y golpes la recuperación de tierras ancestrales del Departamento de Cushamen, en la zona Vuelta del Río, de Leleque, provincia de Chubut, cortando los accesos de la comunidad Pulof, y aislando la Ruca (casa) mayor, donde se encontraban mujeres y niños durmiendo. Casi 400 efectivos fueron desplegados. La orden para intervenir en el territorio fue dictada por el juez Martín Zacchino, acompañada por la fiscal general Camila Banfi de Comodoro Rivadavia, y el juez federal de Esquel Guido Otranto, bajo la justificación de la necesidad de liberar la traza del tren turístico La Trochita que atraviesa los terrenos.

Durante la represión se llevaron diez detenidos. Ellos se encuentran en la Unidad 14 del Servicio Penitenciario Federal de Esquel, los cuales son: Ricardo Antihual, Nicolás Daniel Hernández Huala, y Ariel Garci, Buchili José Luz, Gustavo Jaime, Daniela Gonzales, Huencapan Javier, Huenchupan Ruíz Javier, Pablo Gonzalo Seguí, Ricardo Antigual, quienes tendrán audiencia el día 12 de enero. Les niegan la excarcelación por orden del Juzgado Federal de Esquel, alegando que existe peligro de fuga, y al parecer por abigeato (robo de ganado). Están alojados en carácter de comunicados y se les imputó los delitos de «impedir la circulación del transporte ferroviario», «resistencia a la autoridad», «lesiones» y «daños agravados». Asimismo, Huetelaf Ivana Noemi se encuentra en quirófano herida de bala.

No conformes, gendarmería invade nuevamente el territorio de la comunidad del Lof a eso de las 20 hs del día 11 de enero, reprimiendo con balas de goma y plomo. Esto dejó como saldo cantidad de heridos, muchos de ellos con perdigones de escopeta, dos de ellos de gravedad. Fausto Jones Huala se encuentra en la terapia intensiva del hospital de la localidad de Lago Puelo (Chubut), con traumatismo de cráneo y derrame cerebral, y Emilio Jones tiene fractura de maxilar, debiendo tener una operación de urgencia, hospitalizado en la localidad de El Maitén.

Haciendo memoria
El territorio viene de constantes represiones bajo distintas excusas. Los mapuches lograron recuperar sus tierras hace dos años, las cuales estaban a manos del terrateniente Luciano Benneton.(1) Recordemos que el 27 de mayo del 2016 se produjo una nueva represión, deteniendo a once personas, entre ellas al Lonko Facundo Jones Huala, en otro claro acto de terrorismo, tratando de extraditarlo al Estado Chileno, cuestión frenada gracias a la lucha.(2)

No podemos seguir apáticos frente a la realidad, la cuestión mapuche no es ajena a la de nosotros, que somos, al igual que ellos, los oprimidos de la sociedad. El hecho de que cuestionen y se rebelen contra la sagrada propiedad privada, pilar fundamental de la forma de vida dentro del sistema capitalista, hace que sufran el castigo de la ley y el orden, siendo el Estado el principal ejecutor de la represión para defender los intereses de los ricos, empresarios y políticos. Es así que se crean leyes para justificar el accionar policial y manipular a través de los medios de comunicación el discurso frente a los hechos, como lo es la Ley Antiterrorista, impulsada y aprobada por el gobierno kirchnerista, y utilizada felizmente por el macrista de turno, generando una persecución ideológica. En el presente caso podemos decir que los terrenos como tales no poseen gran importancia en cantidad porque es un espacio mínimo dentro de las extensas propiedades de Benetton, ni tampoco en recursos porque no son los mejores, de hecho, dicho en las palabras de un mapuche: «Lo cierto es que la realidad social en la que nos encontramos no ha cambiado mucho. Seguimos teniendo las peores tierras y la calidad del suelo es abismalmente distinta respecto de las grandes estancias: tienen los mejores pastos, las mejores vertientes, las nacientes de los ríos, los arroyos. Y ese es uno de los motivos por los cuales seguimos viviendo en una situación de extrema pobreza. Así, obligan a nuestra gente a migrar a las ciudades, a vivir en los barrios periféricos, con una calidad de vida peor de la que tenían en los campos, pasando a ser mano de obra barata y trabajando por miseria. Por eso temen esta recuperación: porque cuestiona el estado de las cosas».

Lo que prima, entonces, es la necesidad de castigar el acto de recuperar, la rebeldía, la transgresión a la propiedad.

Defendamos y tomemos como ejemplo la lucha de la comunidad mapuche. Contra el Estado y la propiedad: ¡organización y lucha!


Notas:
Este artículo fue redactado y difundido por compañeros del boletín Chenque Negro (Comodoro Rivadavia, Chubut) el 12 de enero. Al cierre de esta edición la situación es la siguiente: a los heridos de gravedad les han dado el alta médico, Emilio Jones está esperando la operación y Fausto Jones Huala se encuentra en cuidados por si presenta alguna secuela. Siete de los detenidos fueron liberados el día 13 de enero y los tres restantes el día siguiente. El saldo, sin embargo, es de 24 personas procesadas bajo distintas causas.

(1) The Argentinian Southern Land Company fue fundada en Londres en 1889 para realizar actividades comerciales en la Patagonia. En 1896 fue beneficiada con la donación de 10 estancias, de casi 90 mil hectáreas cada una, a cambio de financiar la Campaña, obtuvo tierras estratégicas para el desarrollo del ferrocarril que les sirvió para exportar la producción ganadera. En 1982 la empresa tradujo su nombre –Compañía de Tierras del Sud Argentino– e integró su directorio con un 60% de directores argentinos. Ese paquete accionario fue comprado en 1991 por Benetton por 50 millones de dólares.

(2) Ver el artículo La Justicia está vendida, encarcelamiento de Facundo Jones Huala en territorio Argentino, boletín Chenque Negro nro. 8. Puede descargarse en www.chenquenegrocr.blogspot.com, [así como el de La Oveja Negra Nro. 41].

SAN JUAN: DERRAME, REPRESIÓN, DERRAME

Septiembre 2015: Barrick Gold derrama cianuro en la mina Veladero, San Juan. Un resumen de un documento interno de la empresa asegura que la fuga fue de 5.242.000 litros, es decir, cinco veces más de lo admitido públicamente. Se acosa y amenaza a quienes investigan la dimensión del derrame.

Septiembre 2016: A un año de que se cumpla el aniversario del mayor accidente minero de la historia del país, la mina Veladero que explota Barrick Gold en San Juan volvió a ser noticia por un derrame de solución cianurada. La empresa vuelve a dar información falsa y minimizar los hechos.

Diciembre 2016: El día 17, personas autoconvocadas de distintas latitudes se reúnen a compartir inquietudes, ganas y perspectivas en Jáchal e Iglesia teniendo en cuenta la aguda situación por la que están pasando los compañeros que allí habitan. A sabiendas que la dimensión del problema excede a esta empresa asesina en particular y traspasa las fronteras nacionales, se decide realizar un bloqueo a la entrada a Veladero/Lama que no interrumpa la circulación de los vecinos. La complicidad entre el Estado y estas empresas se hizo evidente en el accionar represivo y abusivo. No siendo un error sino una política de Estado el no tomar medidas frente a los reiterados derrames de la Barrick y si agredir y meter presos a quienes se plantan frente a tal atropello generalizado. Las personas detenidas estuvieron desaparecidas durante cinco horas y fueron liberadas luego de tres días. El mensaje de estos compas al salir fue claro y contundente: «No somos defensores de la naturaleza, somos la naturaleza defendiéndose». Y por eso mismo, no se trata de haber nacido en el lugar ni mucho menos de un regionalismo o nacionalismo estúpido. El gobernador de San Juan, José Luis Gioja —tal como apuntan en la zona— es un empleado de la minera y compraron su silencio. De un gobernante no nos asombra, pero lo que no deja de entristecer es que muchas de las personas que allí viven también han vendido su silencio a la Barrick. Y no por unas pocas monedas según cuentan desde Jáchal. La empresa ha realizado sendos “obsequios” a los lugareños que allí encontraron motivos para, como suele decirse, ponerse la camiseta de la minera.

Enero 2017: Como si fuera poco el día 12 sucedió otro derrame, esta vez en la mina Pascua Lama, y como todo lo que ocurre en el feudo de las minas de Barrick Gold, no se puede saber muy bien que pasó. La minera reconoció un nuevo derrame y anunció que cerrará el túnel binacional que montó para transportar roca de Chile a Argentina, que destruyó un ambiente periglacial.

DESDE PERGAMINO: DE NUEVO INUNDADOS

La ciudad de Pergamino está ubicada al noreste de la provincia de Buenos Aires y tiene una población cercana a los cien mil habitantes. Esta localidad se desarrolló como un apéndice del área agropecuaria, a la que se le reservaron las mejores tierras, las más altas. De ahí que el casco urbano se ubique en una zona relativamente baja, de acumulación de agua. Además, se encuentra surcada por el arroyo Pergamino (de oeste a este) y un afluente, el arroyo Chu Chu (de norte a sur). El proceso de expansión urbana avanzó sobre los valles de inundación de estos cursos de agua, ocupando una superficie que es receptora de los excesos hídricos.(1)

Los pergaminenses sufrimos una nueva inundación, la más grande en los últimos veinte años desde la que padecimos en el año 1995. Con cientos de evacuados y miles de damnificados, estas fiestas se volvieron una catástrofe.(2)

Esta situación se replicó en diversas localidades de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, mientras que también se sucedieron incendios forestales en grandes regiones de La Pampa, noreste de Río Negro y sur de Buenos Aires. El rabino y ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, en medio de esta situación declaraba «que parece una especie de profecía apocalíptica, los argentinos y el mundo empezamos a ver que acá tenemos incendios, en Santa Fe tenemos inundaciones, y esto se llama adaptación, que es cómo nos vamos a organizar para minimizar riesgos ante lo que le hicimos al planeta y que nos devuelve multiplicado con estas catástrofes».

El Estado, además de hablarnos de profecías, adaptación y de culparnos a todos por lo «que le hicimos al plantea», apareció como mejor sabe hacer, reprimiendo y protegiendo los principales comercios de posibles saqueos. La ausencia de ayuda fue evidente una vez más, sobre todo en los barrios con mayores necesidades, donde las inundaciones son más frecuentes. Lugares donde no se suele vivir por elección, sino porque no queda otra.

Si bien se realizaron algunas obras públicas desde el 95, nunca se culminó lo proyectado. A esta insuficiencia de obras se le suman infinidad de canales clandestinos que drenan el agua de tierras inundables para poder cultivar, así como la cada vez más creciente sojización disminuye brutalmente la capacidad de absorción de la tierra. Mientras el monte nativo absorbe 300 milímetros de agua por hora, una pastura convencional (donde hay ganado) 100 milímetros, un campo con soja absorbe apenas 30 milímetros por hora.

A su vez, empresarios y políticos locales han realizado obras de drenaje en terrenos situados en áreas antes inundables para desarrollar sus negocios inmobiliarios, sacando el agua fuera y agravando aún más la situación. Ese mismo afán de lucro hizo que los patrones de la ciudad no tuvieran ninguna consideración por la situación de los damnificados, sus amigos, familiares y vecinos, obligándolos a trabajar normalmente en muchos casos.

Lo sucedido en Pergamino es extendible al resto de inundaciones sucedidas en el centro del país: sojización y urbanización. Es cierto que se registraron las mayores lluvias de los últimos años, pero ese elemento aislado no genera estos desastres, que no son climáticos, sino capitalistas, agravados por la represión de las personas damnificadas que salen a protestar. Luego del castigo de someternos a vivir en estas condiciones viene el castigo ejemplar de la ley y el orden.

Podemos tener infinitas discusiones sobre lo evitable de esta situación, sobre las obras realizadas y por realizar, sobre las diferencias entre aquella inundación del 95, la del 2013 o la actual, sobre el grado de responsabilidad del agro en todo esto. También podemos meternos en política y hacer algo desde el municipio o desde algún partido o sindicato.

Nosotros preferimos poner en evidencia que el principal problema que tenemos es que el dinero está siempre por sobre nuestras vidas, y que el Estado, partidos y sindicatos siempre terminan protegiendo a quienes tienen ese dinero.

Por eso nos quedamos con la solidaridad de tantos vecinos que a pesar de la falta de recursos y la negligencia total de las autoridades tratan de sacar la situación adelante. Por eso seguimos confiando en lo que podemos hacer las personas al margen del Estado, que se preocupa más por los comercios y la circulación en las rutas que por los damnificados. Por eso decimos una vez más: ¡Que se vayan todos!


Notas:
(1) Extraído del sitio web: www.noqueremosinundarnos.blogspot.com.
(2) Una versión anterior de este artículo fue redactada y difundida a fines de diciembre del año pasado en la página de Facebook (de la biblioteca) Alberto Ghiraldo.

CONTINUIDAD DE LA GUERRA SOCIAL EN MÉXICO

Luego de un agitado 2016, con violentas huelgas, conflictos masivos en la región de Oaxaca y en el istmo de Tehuantepec, agitación en las prisiones, y la sofocante y permanente violencia narco-policial-patriarcal contra el conjunto de los explotados, el 2017 comenzó en la región mexicana con una impresionante muestra de rebeldía. La flexibilización y aumento del precio del combustible (que a la vez encarece todo aquello que precisamos consumir para sobrevivir) fue la chispa que hizo estallar la ya delicada situación. Saqueos a los grandes almacenes, masivas manifestaciones, bloqueos en un paso fronterizo con los EEUU y en plantas de abastecimiento y refinación de crudo, fueron solo algunas de las numerosas tácticas que rápidamente asumieron los proletarios, en todas las grandes ciudades y en más de veinte de los treinta y dos estados de la Federación Mexicana.

En este acalorado contexto, algunos compañeros de dicha región nos compartieron un panfleto de balance de lo sucedido en estos días, que se encuentra disponible en:

¡Solidaridad con los más demil detenidos por rebelarse!

MEMORIA: A 97 AÑOS DE LA SEMANA TRÁGICA

La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos (SRMU) inicia la lucha en los Talleres Vasena
Esta organización fue fundada en 1918 como una ruptura dentro de la FORA del IX Congreso (de influencia sindicalista y socialista) e impulsada por sectores vinculados al anarquismo, pero no únicamente.

La industria metalúrgica era reducida en Argentina. Tras haber ganado ciertas mejoras en distintos talleres que tenían entre 20 y 50 operarios, el 2 de diciembre los miembros de la SRMU se dispusieron a realizar una medida en un punto central de la industria metalúrgica: los Talleres Vasena.

Metalúrgicos Unidos inició entonces un reclamo por mejores condiciones laborales elaborando un petitorio que fue presentado a la empresa, que la patronal se negó a recibir y a tratar con la delegación. La empresa buscó quebrar a los huelguistas recurriendo a rompe huelgas y matones armados que servían de fuerza parapolicial.

Los obreros en huelga montaron guardias alrededor del lugar, ubicado en el humilde y emergente Barrio de Villa Pompeya. Allí, en San Cristóbal, donde estaban los depósitos de los Vasena y en el local social de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, sucederían graves y sangrientos hechos, de los que hablaremos a continuación.

Entre el 13 y el 20 de diciembre se produjeron balaceras a domicilios de huelguistas y contra las barricadas que impedían el paso de los carneros. El 23 de diciembre, un carnero murió al lanzarse al riachuelo, tras ser perseguido por los obreros. El 3 de enero, luego de un mes de huelga, la policía aumentó su grado represivo en la zona fabril y cercana al local de Metalúrgicos Unidos. El 4 de enero los huelguistas levantaron barricadas y rompieron los caños de agua para inundar las calles. Finalmente echaron a la policía que custodiaba la fábrica, con la muerte de un vigilante como resultado del enfrentamiento. Los huelguistas fueron apoyados por el barrio que reaccionó virulentamente a la represión. El entierro del policía fue el 6 de enero.

La Semana Trágica
El 7 de enero más de cien policías y bomberos armados dispararon salvajemente. El ataque duró dos horas. También balearon el local de la SRMU. Hubo cinco muertos y más de treinta heridos, muchos de los cuales no eran obreros metalúrgicos.

Esta masacre convocó a miles de obreros a la huelga general. Un velatorio se realizó en el local del sindicato de la FORA del IX y el resto en el de la SRMU, destruido por los balazos en puertas, paredes y ventanas. En este punto los comerciantes decidieron no abrir sus puertas en señal de luto y la Federación Obrera Marítima (importante organización adherida a FORA IX), declaró la huelga en torno a un problema del gremio.

El 8 de enero los establecimientos metalúrgicos suspendieron sus tareas. La SRMU volvió a llevar un petitorio pero nuevamente no fueron recibidos por la empresa. Al terminar el día, la FORA del IX expresó su solidaridad con los huelguistas y la FORA del V (de orientación comunista anárquica) declaró la huelga general para el día siguiente. El 9 de enero Buenos Aires se paralizó, una multitud llegó desde los suburbios. Se formaron barricadas, piquetes, se realizaron sabotajes, los canillitas solo difundían boletines de huelga, y la gente se agolpaba en calles y veredas esperando despedir a las víctimas.

En la fábrica, los Vasena, custodiados por cientos de mercenarios armados, fueron rodeados por barricadas. A las dos de la tarde partió el cortejo fúnebre con algunos obreros armados a la cabeza, que pronto comenzaron a saquear las armerías que encontraron a su paso. Empezaron los primeros enfrentamientos y muertos, el cortejo rodeó la fábrica y marchó hacia el cementerio de la Chacarita. A las cuatro de la tarde se produjo otro hecho de importancia, los manifestantes se metieron en un templo destruyendo y saqueando todo a su paso, los niños rompían los vidrios, mientras otros intentaban incendiar la Iglesia, comenzando distintos focos en el establecimiento. El hecho sangriento había enervado a los explotados, pero aún faltaba más violencia y enfrentamiento.

En el cementerio comenzaron a sonar los fusiles del ejército, disolviendo la manifestación, quedando los cuerpos sin sepultar, a los que se le sumaron nuevos muertos. La FORA del IX intentó asumir la conducción de un movimiento auténticamente proletario y decidido. El 10 de enero grupos policiales y parapoliciales patrullaron asesinando y baleando con total impunidad. Mientras tanto, nuevos gremios adhirieron a la huelga y, para el día 11, la FORA del V buscó concretar su objetivo de una «huelga general revolucionaria», luchando además por la libertad de todos los presos sociales, entre ellos el compañero Simón Radowitzky, encarcelado desde hacía diez años.

Pero la burguesía tenía sus fuerzas represivas bien pertrechadas y salió a la caza de “judíos”, “rusos”, “marxistas”, “maximalistas”, “anarquistas” y “bolcheviques”, irrumpiendo en casas y locales, destruyendo y violando, matando niños y golpeando viejos. La huelga se extendió al interior del país y los dirigentes de la FORA del IX, con Sebastián Marotta al frente, intentaron terminar el conflicto negociando en nombre de la SRMU, a lo que sus miembros se opusieron.

El lunes 13 de enero finalmente la SRMU obtuvo respuesta a su reclamo, después de casi cincuenta días de huelga. La FORA del V y La Protesta fueron duramente perseguidas, sus militantes encarcelados y sus locales destruidos, a pesar de que habían negociado un cese del conflicto al ver solucionada la cuestión metalúrgica.

El verano continuó. Enero dejó casi mil muertos, decenas de desaparecidos (entre ellos gran cantidad de niños), miles de heridos, decenas de miles de detenidos, locales, casas y familias destruidas. Desde 1919, el primer mes del año es de una dolorosa conmemoración: el aniversario de la “Semana Trágica”: una de las huelgas más largas y sangrientas ocurridas en territorio argentino.

MEMORIA: A 97 AÑOS DE LA SEMANA TRÁGICA (versión extendida)

[Esta versión no fue publicada en La Oveja Negra nro.45 sino una resumida por razones de espacio]

El primer mes de este año trae consigo una negra efemérides: el aniversario de la “Semana Trágica”, una de las huelgas más largas y sangrientas ocurridas en territorio argentino, en la semana del 7 al 14 de enero de 1919 bajo el gobierno del caudillo radical Hipólito Yrigoyen.

Allí se cristalizó todo un momento histórico: la Primera Guerra Mundial y el auge de movimientos revolucionarios importantes en Rusia y Alemania, en contraposición a un conjunto de movimientos nacionalistas que tenían como base el trabajo y el militarismo. 

Algunos elementos clave
Desde 1850 hubo en Argentina una fuerte oleada inmigratoria, que trajo aparejada la formación de diversas agrupaciones de carácter étnico (italianos, españoles, alemanes y rusos, mayormente). Estos grupos se constituyeron como Sociedades de Socorros Mutuos y tenían un carácter diverso e incluso contradictorio entre sí. 

Para 1870 la formación de agrupaciones étnicas y económicas se aceleraba, sin detenerse el flujo inmigratorio. 

En 1890 las condiciones vividas en Argentina eran precarias y miserables a causa de una gran crisis económica. Esta condición generó rebeliones y organización en distintos sectores del mundo obrero. Las tendencias socialistas y anarquistas eran todavía embrionarias, pero ya estaban separadas de manera doctrinaria hacía tiempo a raíz de una vieja discusión en la lucha social: reformar o revolucionar la sociedad.

En 1901 se fundó la Federación Obrera Argentina (F.O.A.) que unió durante un año ambas corrientes, hasta que en 1902 los socialistas se escindieron de la organización para fundar la U.G.T. 

Mientras tanto en la F.O.A., la influencia del gremialismo anarquista, inspirado en las secciones italianas, suizas y españolas de la Primera Internacional fue ascendente. Tanto así que, para 1904, adoptó como nombre Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A.), destacando el aspecto internacionalista de la lucha proletaria, dejando en claro que los países no son más que regiones del mundo y que todos los explotados deben unirse más allá y contra las fronteras y Estados nacionales.  

La preponderancia del sector anti estatal y anti político logró, en el V Congreso de la F.O.R.A., una de las declaraciones más avanzadas del movimiento obrero: «Aprobar y recomendar la propaganda e ilustración moral más amplia, en el sentido de inculcar a los obreros los principios científicos filosóficos del comunismo anárquico».

Esta declaración finalista (mantener ligadas las luchas inmediatas a la lucha por la revolución social), junto con el resto de las definiciones de sus congresos le valió el odio de los gobiernos y la conspiración desde las sombras de distintos sectores oportunistas. Entre ellos, por ejemplo, la antes mencionada U.G.T., que irá mutando de piel asumiendo distintos nombres e intentando debilitar la F.O.R.A., al punto de infiltrarse disolviendo una central, para luego eliminar la anterior recomendación a través de un congreso obrero.


Para 1915, cuando el movimiento obrero era fuertemente reprimido y deportado y la reacción avanzaba en todo el mundo, los enemigos del comunismo anárquico tuvieron su oportunidad. La escisión se produjo inevitablemente y, a partir de allí, ambas organizaciones fueron conocidas como la F.O.R.A. del V Congreso y la F.O.R.A. del IX Congreso. La vieja discusión del movimiento social otra vez: reforma o revolución social. La F.O.R.A. del IX se disolvería en 1922, en otro acto oportunista. Pero sigamos en el cauce de la revolución social.

La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos (S.R.M.U.) inicia la lucha en los Talleres Vasena
Esta organización fue fundada en 1918 como una ruptura dentro de la F.O.R.A. del IX Congreso (de influencia sindicalista y socialista) e impulsada por sectores vinculados al anarquismo, pero no únicamente.

La industria metalúrgica era reducida en Argentina. Tras haber ganado ciertas mejoras en distintos talleres que tenían entre 20 y 50 operarios, el 2 de diciembre los miembros de la S.R.M.U. se dispusieron a realizar una medida en un punto central de la industria metalúrgica: los Talleres Vasena.

Metalúrgicos Unidos inició entonces un reclamo por mejores condiciones laborales elaborando un petitorio que fue presentado a la empresa, que la patronal se negó a recibir y a tratar con la delegación. La empresa buscó quebrar a los huelguistas recurriendo a rompe huelgas y matones armados que servían de fuerza parapolicial. 

Los obreros en huelga montaron guardias alrededor del lugar, ubicado en el humilde y emergente Barrio de Villa Pompeya. Allí, en San Cristóbal, donde estaban los depósitos de los Vasena y en el local social de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, sucederían graves y sangrientos hechos, de los que hablaremos a continuación. 

Entre el 13 y el 20 de diciembre se produjeron balaceras a domicilios de huelguistas y contra las barricadas que impedían el paso de los carneros. El 23 de diciembre, un carnero murió al lanzarse al riachuelo, tras ser perseguido por los obreros.

El 3 de enero, luego de un mes de huelga, la policía aumentó su grado represivo en la zona fabril y cercana al local de Metalúrgicos Unidos. El 4 de enero los huelguistas levantaron barricadas y rompieron los caños de agua para inundar las calles. Finalmente echaron a la policía que custodiaba la fábrica, con la muerte de un vigilante como resultado del enfrentamiento. Los huelguistas fueron apoyados por el barrio que reaccionó virulentamente a la represión. El entierro del policía fue el 6 de enero.

La Semana Trágica
El 7 de enero más de cien policías y bomberos armados dispararon salvajemente. El ataque duró dos horas. También balearon el local de la S.R.M.U. Hubo cinco muertos y mas de treinta heridos, muchos de los cuales no eran obreros metalúrgicos. 

Esta masacre convocó a miles de obreros a la huelga general. Un velatorio se realizó en el local del sindicato de la F.O.R.A. del IX y el resto en el de la S.R.M.U., destruido por los balazos en puertas, paredes y ventanas. En este punto los comerciantes decidieron no abrir sus puertas en señal de luto y la Federación Obrera Marítima (importante organización adherida a F.O.R.A. IX), declaró la huelga en torno a un problema del gremio. 

El 8 de enero los establecimientos metalúrgicos suspendieron sus tareas. La S.R.M.U. volvió a llevar un petitorio pero nuevamente no fueron recibidos por la empresa. Al terminar el día, la F.O.R.A. del IX expresó su solidaridad con los huelguistas y la F.O.R.A. del V (de orientación comunista anárquica) declaró la huelga general para el día siguiente. El 9 de enero Buenos Aires se paralizó, una multitud llegó desde los suburbios. Se formaron barricadas, piquetes, se realizaron sabotajes, los canillitas solo difundían boletines de huelga, y la gente se agolpaba en calles y veredas esperando despedir a las víctimas. 
 
En la fábrica, los Vasena, custodiados por cientos de mercenarios armados, fueron rodeados por barricadas. A las dos de la tarde partió el cortejo fúnebre con algunos obreros armados a la cabeza, que pronto comenzaron a saquear las armerías que encontraron a su paso. Empezaron los primeros enfrentamientos y muertos, el cortejo rodeó la fábrica y marchó hacia el cementerio de la Chacarita.

A las cuatro de la tarde se produjo otro hecho de importancia, los manifestantes se metieron en un templo destruyendo y saqueando todo a su paso, los niños rompían los vidrios, mientras otros intentaban incendiar la Iglesia, comenzando distintos focos en el establecimiento. El hecho sangriento había enervado a los explotados, pero aún faltaba más violencia y enfrentamiento.

En el cementerio comenzaron a sonar los fusiles del ejército, disolviendo la manifestación, quedando los cuerpos sin sepultar, a los que se le sumaron nuevos muertos. La F.O.R.A. del IX intentó asumir la conducción de un movimiento auténticamente proletario y decidido. El 10 de enero grupos policiales y parapoliciales patrullaron asesinando y baleando con total impunidad. Mientras tanto, nuevos gremios adhirieron a la huelga y, para el día 11, la F.O.R.A. del V buscó concretar su objetivo de una «huelga general revolucionaria», luchando además por la libertad de todos los presos sociales, entre ellos el compañero Simón Radowitzky, encarcelado desde hacía diez años.

Pero la burguesía tenía sus fuerzas represivas bien pertrechadas y salió a la caza de “judíos”, “rusos”, “marxistas”, “maximalistas”, “anarquistas” y “bolcheviques”, irrumpiendo en casas y locales, destruyendo y violando, matando niños y golpeando viejos. La huelga se extendió al interior del país y los dirigentes de la F.O.R.A. IX, con Sebastián Marotta al frente, intentaron terminar el conflicto negociando en nombre de la S.R.M.U., a lo que sus miembros se opusieron.

El lunes 13 de enero finalmente la S.R.M.U. obtuvo respuesta a su reclamo, después de casi cincuenta días de huelga. La F.O.R.A. del V y La Protesta fueron duramente perseguidas, sus militantes encarcelados y sus locales destruidos, a pesar de que habían negociado un cese del conflicto al ver solucionada la cuestión metalúrgica. 

El verano continuó. Enero dejó casi mil muertos, decenas de desaparecidos (entre ellos gran cantidad de niños), miles de heridos, decenas de miles de detenidos, locales, casas y familias destruidas.
Como tantas veces en la historia, los sindicalistas y socialistas fueron desbordados en su intento de conciliar, legislar y gestionar la salvaje explotación capitalista. Una vez más, la clase explotada en Argentina dejaba constancia de su gran valor moral, valentía y solidaridad, así como la clase explotadora de su rapacidad nacionalista y militarista.

jueves, 8 de diciembre de 2016

2001 - ¡QUE SE VAYAN TODOS! - 2016

A quince años de aquel caluroso diciembre gritamos «¡que se vayan todos!». Porque es tan necesario como ayer, porque queremos mantener viva la memoria insurrecta.

Los años previos al 2001 fueron de una creciente agitación social, fundamentalmente a raíz del intenso ajuste vivido durante los años 90 que hundió a miles de personas en la miseria y la enfermedad. Explotación salvaje, precarización laboral y desempleo fueron elementos claves, dentro de una reestructuración capitalista a escala mundial, para entender los efectos dramáticos que la enorme concentración de riqueza por parte de la burguesía tuvo en la zona noreste y noroeste de Argentina, así como en las grandes conurbaciones como Córdoba, Rosario, Buenos Aires, y pueblos de la Patagonia.

Frente a esta situación, cientos de oprimidos cortaron rutas y realizaron alzamientos populares denominados “puebladas”, con cada vez más frecuencia, al punto que para diciembre de 2001 habían, al menos, cinco piquetes por día. Los métodos de lucha excedieron a las tradicionales organizaciones sindicales y de desocupados, traduciéndose los reclamos puntuales en expresión de las necesidades generales de los oprimidos.

También la represión fue creciente. A lo largo de la década distintas personas fueron asesinadas mientras protestaban, así, por ejemplo, oímos por primera vez los nombres Víctor Choque y Teresa Rodríguez, a la vez que aprendíamos de la ferocidad de la Gendarmería Nacional Argentina. Durante las jornadas de diciembre de 2001 esta violencia estatal se agudizó: asesinaron a treinta personas y encarcelaron a más de cuatro mil, dejando además una gran cantidad de heridos.

En aquellos días no perdimos el tiempo en buscar respuestas que ni el gobierno de La Alianza ni algún otro podría haber dado: pasamos a los saqueos, que, a diferencia de las medidas impulsadas por punteros y sindicalistas, no podían ser controlados ni previstos, ni daban lugar a negociación alguna. Por esta razón, el gobierno declaró un Estado de Sitio que fue desafiado en gran parte del territorio. Sin esperanzas en los gobernantes se clamó «que se vayan todos», y la represión ideológica a esa consigna y sus consecuencias prácticas duraron años, en los que todos los partidos políticos se unieron para volver a hacernos confiar en las instituciones del agraviado Estado.

Luego de hacer temblar de miedo a los burgueses, de que un presidente deba huir en helicóptero y ser reemplazado por otros cinco mandatarios en menos de veinte días y de que las personas rompan con sus roles intentando tomar las riendas de sus vidas, se volvió urgente y necesario para la clase dominante encauzar las cosas en la normalidad capitalista: relegitimar su poder de clase, restaurar la confianza en las instituciones burguesas, responder a las demandas populares que se pudieran canalizar en el sistema, dándole prioridad a la represión selectiva de los proletarios más rebeldes.

«Desde una perspectiva de lucha que oriente sus fuerzas a acabar con los problemas de raíz, resulta muy preocupante cómo en cada una de las últimas elecciones aumenta la participación de explotados en escoger a sus verdugos. De la apatía y el “voto bronca” en 2001, hoy nos encontramos en una circunstancia en la que cada ciudadano siente una profunda responsabilidad ante la urna. Votar no sería ya una obligación impuesta por el Estado sino un profundo deber cívico y ético, una responsabilidad individual que cambiaría drásticamente el rumbo de nuestras vidas.» (Gane quien gane, La Oveja Negra nro.33)

De lo dicho se desprende que la situación social ha cambiado. Estos últimos quince años la movilización social ha sido reprimida o asimilada e institucionalizada, en fin, democratizada. Los sindicalistas y punteros políticos de ayer siguen coherentes a su gimnasia contrarrevolucionaria, devenidos en políticos de poca monta y negociadores profesionales de la vida ajena, hace algunos días acordaron por escrito con el actual gobierno «que se abstendrán de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza» hasta el 2019.

Más allá de lo que firmen algunos burócratas en tiempos de un duro ajuste, es claro que en términos sociales de movilización y lucha hemos perdido el hilo de combatividad en las calles, mientras veíamos cómo llenaban las ciudades de cámaras de seguridad y sancionaban la Ley Antiterrorista. Nunca dejaron de matarnos ni de explotarnos. Permitimos que nos fragmenten la capacidad de pensar y actuar fuera del chaleco de fuerza del Estado, al menos socialmente, parece imposible. Un estallido social en las actuales condiciones tendría características muy diferentes, lo entendemos, pero en esta actitud en apariencia pasiva se encuentra también latente la rabia y el dolor que nos impulsó a tomar medidas radicales en otro momento, por eso hoy seguimos buscando la reflexión colectiva e impulsando la lucha.

Del 2001 algunos insisten en recordar las “políticas neoliberales”, la pobreza y la desesperación. Olvidan, ocultan o desfiguran la protesta masiva, la desobediencia colectiva, la autoorganización, los ataques al Estado y su policía, a la propiedad privada. Esquivan que quienes se involucraron en la lucha social ya no eran los mismos que el día anterior; que algunos, en las mismas asambleas, ya no querían reemplazar al Estado, sino ir más lejos. Aquí tampoco queremos olvidar que muchos de los que participaron en aquellas protestas tampoco son ya los mismos, demostrando cómo los seres humanos somos transformados por los sucesos. De qué manera una persona relativamente obediente al poco tiempo puede verse involucrada en la autodefensa de su barrio, creando y destruyendo colectivamente, y cómo luego puede volver a esa relativa obediencia.

Insistimos en que lo importante es dejar de vivir como antes. Cuando un grupo de personas que no tienen costumbre de reunirse se juntan para debatir, organizar y conocerse, en lugares que no están designados para ello, se da una importante ruptura con la cotidianidad capitalista. Nada importante y beneficioso para nuestra humanidad sucede mientras nos quedamos en el lugar que nos fija la sociedad y respetamos las separaciones sociológicas, familiares e identitarias.

Esta primera ruptura puede ser una válvula de escape o una inversión ritual (los esclavos jugando a ser los amos un ratito) antes de volver a la normalidad. Pero puede sentar las bases para avanzar en la lucha revolucionaria. Ir más allá requiere algo más que reunirse y actuar juntos. Requiere superar lo que se ha creado, saberse capaces, ser conscientes de la propia fuerza.

Las personas explotadas no tenemos que administrar o gestionar esta sociedad que nos lanza al desahucio, el hambre, la necesidad, la tristeza, y también a la lucha. Tenemos que transformarnos a nosotros mismos y transformar la sociedad. Si en este artículo relacionamos un estallido social como el del 2001 con la necesidad de revolución, no es por una especulación abstracta o un aprovechamiento político. No estamos tirando agua para “nuestro molino”, porque no tenemos ningún molino. No tenemos necesidades propias que se distingan de las necesidades de nuestra clase. La lucha por lo que necesitamos es la lucha contra quienes nos lo niegan.